Día 6: Cáceres, Montánchez y Mérida

Éste sería por lejos uno de nuestros días más agotadores. Desde Mérida salimos en auto hacia Cáceres, un pueblo con una historia riquísima. Fue un campamento romano, luego fue conquistado por los visigodos y refundado por los àrabes. Como se imaginarán, eso significa que hay influencia de varias culturas.

Como llegamos muy temprano (9 am) todavía no había nada abierto. La plaza mayor estaba vacía de turistas y apenas conseguimos un desayuno típico en la barra de un bar de la zona. Nuestra experiencia hasta ahora nos indica que la mejor manera de recorrer los lugares es a contramano del resto de la gente, siempre que se pueda.

Cáceres está llena de monumentos, templos, y calles que parecen sacadas de cualquier película de la era medieval que hayan visto. Sólo el hecho de caminar e intentar perderse por las callejuelas es toda una experiencia. Entre los edificios, y en las cumbres más altas, siempre están presentes las cigüeñas, con sus nidos. Fuimos al Museo de la ciudad, donde hay todo tipo de restos sobre la vida cotidiana desde la gente que la habitó, desde la prehistoria, hasta llegar a la Edad Media.

 

Tambien fuimos a la casa Museo Árabe, que recrea una clásica vivienda de cuando los musulmanes estaban en la zona. En el medio, como si fuéramos unos hobbits, desayunamos por segunda vez, en el parador de un hotel. es que ser turista full time es muy agotador…

Para entonces, el pueblo ya estaba lleno, de gente de la zona y de turistas. Pero nosotros ya estábamos partiendo a un sitio poco nombrado por las guías de turismo tradicional, el pueblo de Montánchez. Después de un almuerzo reparador en un clásico restaurante para camioneros, emprendimos la cuesta arriba para ver sus dos puntos principales de interés. Uno era el cementerio del pueblo. Estaba desierto a esa hora, y tuvimos que abrir la puerta protegida por un pasador. Nunca había visto algo parecido, tan pintoresco, ubicado al borde del abismo del cerro.

Luego, como sacado de una película de terror nos metimos en la pequeña iglesia, desierta también. Es la primera vez que veo una vírgen con alarma anti-robo. Nos sacamos unas fotos, y seguimos rumbo al hermoso castillo que nos esperaba arriba de todo.

Nos fuimos del pueblo (dentro del cual jamás vimos un alma) y volvimos a nuestra base por esos días, Mérida. A descansar, dirán ustedes. Pues no. Mérida nos ofrecía mucho todavía, como el impresionante Museo Nacional de Arte Romano. Imaginen vivir en una ciudad donde una simple excavación en una casa o un terreno puede desenterrar restos de casi dos mil años. Así es la vida diaria allí, donde continuamente se encuentran objetos cotidianos, o lápidas, o estatuas. Realmente imperdible.

Después de más de doce horas de caminar y visitar lugares, volvimos a la casa que nos alojaba. (La de Liliana, tía de Male y alma máter de este viaje junto con su hija Juliana) El día siguiente nos esperarían más ruinas romanas y Sevilla, uno de los principales centros turísticos de España.

Daniel

 

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