Día 9: Toledo

El ultimo día en Madrid en realidad no fue tal. Directamente nos fuimos a Toledo, una ciudad cercana recomendada por todos nuestros conocidos de esa región de España¿. Se encuentra a media hora de tren (de alta velocidad) de la capital y al igual que C{aceres y Trujillo mantiene su aspecto de antaño, permitiéndole a los visitantes recorrer las angostas e intrincadas calles en un circuito que en este caso remonta directamente a la edad media. Conocida por sus espadas, yelmos y armaduras, el símbolo de Toledo son los caballeros enfundados en armaduras que campean en las puertas de todos los negocios.

Y evidentemente en otras épocas se tenía un admirable sentido de la orientación, ya que si bien nosotros veníamos con el problema de estar acostumbrados a manejarnos en una ciudad cuadriculada y Madrid era de por sí un desafío, Toledo fue prácticamente un laberinto. Basta ver el mapa de calles cortas y zigzagueantes que aleatoriamente cambian de nombre o continúan donde uno menos se lo espera. Recomendamos tener un mapa en mano, como siempre, pero no confiarse simplemente con eso y preguntar una y otra vez dónde están las direcciones que se quieren ver. Sólo un lugareño podrá saber con exactitud cómo llegar de un punto a otro, aunque quizás sus indicaciones no sean siempre claras.

Al igual que como hicimos en Sevilla, el punto de referencia turística que primero visitamos fue la capilla. En líneas generales es tan impresionante como la anterior, aunque creemos que un poco más chica. tras haber visitado La Giralda sevillana, preferimos no pagar el ticket extra a la entrada para visitar la torre de la catedral de Toledo, eso quedará a criterio de cada uno.

Como la tarde avanzaba y los lugares en Toledo eran demasiados, preferimos continuar las visitas en dos exposiciones permanente que se llevan a cabo en la ciudad. Por 6 euros visitamos la exposición de templarios y la de instrumentos de tortura. La primera, bien montada aunque quizás con un exceso de paneles explicativos (suponemos que para ¨rellenar¨ un poco más) es muy interesante para todos aquellos que estén interesados en esta parte de la historia pero prefieran un tipo de visita menos formal o acartonada que las que suele haber en los museos tradicionales. Con réplicas de armas de guerra realizadas por un grupo de recreacionistas medievales local y también objetos rescatados de aquella época, se puede caminar entre caballeros a tamaño real ataviados con el estilo de las diferentes cruzadas en todo el continente.

La muestra sobre instrumentos de tortura también resulta bastante recomendable. Temerosos al principio de habernos metido en una clásica trampa para turistas, al final nos fuimos muy satisfechos. La exposici{on es comparativamente más pequeña a la de los templarios, pero igualmente didáctica y atrayente. Además de los instrumentos de totura de la Inquisición en sí mismos, la ambientación acompañaba mucho al visitante durante la recorrida y los textos que acompañaban a las salas también servían para dar una visión amplia de todo este brutal período de la historia.

El último tramo del paseo fue mas bien gastronómico y consumista. Aparte de algunos souvenirs y recuerdos, nuestro estómago volvía a indicarnos que en argentina era la hora de la merienda, asi que probamos las delicias que esa ciudad ten{ia para ofrecernos. Compramos golosinas de mazapan y scones de almendra, super recomendables!

Para volver, tomamos el último tren AVE a Madrid. Párrafo aparte merece este servicio de trasnporte, sumamente útil para ahorrarse tiempo y, en algunos recorridos, no perder demasiado dinero. El viaje a Toledo ida y vuelta cuesta menos de 20 euros y el tiempo se acorta a media hora en cada tramo. Es puntual y, aunque la velocidad desde adentro del tren no se nota tanto como creíamos, es una muy buena opción a la hora de planear cómo moverse de un punto a otro.

Un día en Toledo solamente, y con esto no descubrimos nada, es poco. Si tienen la oportunidad de quedarse más tiempo, seguro van a disfrutarlo muchísimo. En lo personal, nos tocó en un momento del viaje de bastante transición, ya que esa misma noche teníamos el avión que no llevaría a Londres y eso atrasó un poco la salida de Madrid a Toledo esa mañana (tema aparte fue encontrar un sitio que nos cambiara euros por libras esterlinas: sólo las casas privadas de cambio tienen el servicio, mientras que los bancos comunes y el Banco de España ya no realizan el servicio. Supuestamente otros bancos de barrio sí, pero no en el mismo día).

Esa noche, y no será la primera ni la última, no dormimos. Con uan combinación de tres subtes en los cuales logramos agarrar siempre la última formación, nos fuimos al aeropuerto de Barajas. Llegamos a pasada la una de la mañana y nos quedaban todavía uans tres horas más hasta tomar el avión. Pero eso, como dicen en los cuentos, es otra historia.

 

Malena.

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