Día 11: Londres y sus comiquerías

El segundo día en Londres condensó todo el interés friki que nos habíamos estado reservando desde la llegada. Por fin recuperamos las horas de sueño pendientes tras el viaje (que no fue largo, pero sí muy cansador) y nos lanzamos a la salles londinenses sin rumbo fijo. Sin lugar a dudas, la mejor de las sensaciones.

A modo de inciso cabe hacer una pequeña apreciación sobre nuestro hostel. Estuvimos hospedades en el Astor Victoria, una cadena de albergues, en este caso muy cercano al Victora Coach Station (estación de autobuses) que servía como una salida más que rápida al centro de la ciudad. El hostel Astor fue realmente muy positivo como lugar para descansar las piernas. Como todo hostel, tuvimos que compartir la habitación, en este caso con otras cuatro personas. Las instalaciones fueron muy limpias y cómodas, sobre todo el personal del hostel en plan “lugar para jóvenes” también nos dejó muy cómodo.

Los empleados se mostraban continuamente colaborativos, prestaban ayuda y respondían absolutamente todas las dudas con mucha simpatía. Terminó siendo una experiencia absolutamente recomendable quedarse en el hostel Astor y realmente se lo recomendamos a todos los que vayan a la ciudad y busquen un lugar tranquilo y céntrico para conocer la ciudad a su ritmo.

Las habitaciones eran, además, muy accesibles, menos de $100 argentinos la noche (sí! leyeron bien!) y había un suculento desayuno de autoservicio incluido. El ambiente también era bastante amigable. Lo sorprendente era la cantidad de chicos que hablaan español, generando situaciones extrañas como volverse loco para entender el inglés ajeno, hasta descubrir que si se hablaba en castellano todo era más sencillo…

Nos lanzamos a la ciudad con los estómagos llenos y el objetivo de mechas más visitas turísticas clásicas con comiquerías. Así llegamos en primer lugar a Sci Fi Collector, que por fuera se anunciaba como un negocio de estampillas pero era un sitio clásico de referencia de merchandising en las revistas Doctor Who Magazine.

Ese fue nuestro primer encuentro con la patria WHO, y no por la banda. Estanterías repletas de todo tipo de libros, juguetes y objetos que iban desde los más caros y maravillosos, hasta los más absurdos… y maravillosos. No nos daban las manos (y temíamos que tampoco la billetera) para llevar y mirar todo lo que teníamos delante. En realidad es una situación bastante difícil de explicar para alguien que no sea “fan” de alguna cosa, sobre todo referida a la ficción. Quizás el único modo de citar un ejemplo sea comparándolo con el equipo de futbol favorito. Llegar a la meca en que ese equipo puntualmente es grandísimo y hay cosas que ni te podías imaginar. Algo así, pero con naves espaciales.

De todos modos, aún nos faltaba el plato fuerte, el paraíso de la nerdez desatada: Forbidden Planet. Una de las comiquerías más grandes que existen nos esperaba con infinidad de metros cuadrados y Doctor Who como bandera. El surtido era muy variado y los precios podría decirse que se combinaban con los de la comiquería anterior: algunas cosas estaban más accesibles en un sitio, y otras en el otro. Había que estar atentos a que comprar… y lanzarse.

Así salimos rechonchos de orgullo con nuestras bolsas, lanzados al capitalismo de la manera más patética y auto satisfactoria y fuimos a tomar un café a (saquen la libretita nuevamente): Pret a Manger. Se trata de uan cadena de cafeterías que resultan absolutamente recomendables para quienes tengan la tradición de la merienda, no muy compartida en Europa y a las seis de la tarde necesiten un tentempié intermedio entre el té y la cerveza. Recomendamos ampliamente comprar el Hot Chocolate y acompañarlo con un enorme croissant!

No vamos a decir que este fue un día únicamente dedicado a Doctor Who prque entiríamos. Lo cierto es que caminar por Londres es una experiencia sensorial permanente, donde todo lo que uno vio pantalla de por medio toma forma de un modo tan onírico que a veces cuesta recordar que de veras tus pies están pisando esas baldosas. Personalmente, aluciné con ver en vivo y en directo esas casas de ladrillos a la vista que tienen una entrada de servicio, o de emergencia, que se encuentra bajando una empinada escalera. Cuadras y cuadras de casas con ese diseño de puertas subterráneas que tanto me gustaba ver en las películas pero nunca las enfocaban el tiempo suficiente.

Londres tiene un sinfín de elementos a destacar y los días parecen no alcanzar, así como los ojos, para procesar todo lo que se tiene delante. Volveremos para la revancha.

 

Malena.

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