Archivo del Autor: Malena

Día 12: Londres, día 3, oversized edition

Seguramente, éste fue nuestro día más sobrecargado. Sabiendo que nos quedaba muy poco tiempo, decidimos tachar varios lugares “obligatorios” de nuestra visita, y conocerlos antes de viajar al día siguiente.

Primera parada: Sherlock Holmes Museum y Gift Shop. Desde el hostel hasta la famosa dirección en Baker Street era un largo viaje caminando, pero era lo que nos propusimos: conocer la ciudad como peatones. La zona que elegimos, ya no era tan turística, ya que estaba alejada de los típicos puntos de interés. Pero todo fuera por el querido detective. Para cuando llegamos, si bien la decoración y ambientación era perfecta (incluyendo el vestuario de los empleados) tuvimos miedo de que el museo en sí fuera una pequeña estafa. Por lo tanto, nos contentamos con entrar a siempre llena tienda, y ver los souvenirs. Algunos eran muy ingeniosos, otros no tanto. Y todos, todos, tenían el impuesto al turista: es decir, un sobreprecio considerable comparado a otros locales de recuerdos. Male compró feliz su ansiada gorra, y seguimos viaje.

Hacia dónde? Bueno, otro de nuestros objetivos era el fundamental British Museum, pero una vez nos acostumbramos a los mapas descubirmos que estábamos más cerca de otra de las Mecas nerd: King’s Cross, con su plataforma 9 y 3/4! Otro buen rato a pié y llegamos. Fue una pequeña decepción, considerando que la pared con su fragmento de carrito, pero nos sacamos las ansiadas fotografías. Difícil, ya que coincidimos con un contingente de turistas japoneses, y nuestra cámara estaba al límite de quedarse sin batería. Pero lo hicimos.

Después, finalmente un poco de cultura, fuimos al imponente British Museum. Así como en otras entradas remarcábamos los precios de ciertos museos, es loable que esta impresionante colección de historia robada recolectada a través de los siglos esté GRATIS al alcance de absolutamente todos. A diferencia, por ejemplo, de ciertas catedrales…

Si bien es imposible recorrer toda la exposición permanente en pocas horas, con recorrer la parte dedicada a las culturas egipcia, griega, romana, y los comienzos de Europa, uno puede darse por satisfecho. Ni hablar de las salas dedicadas a las momias, siempre concurridas por japoneses ávidos de fotografías.

Luego tuvimos nuestro encuentro con el temible Underground (Tube para los amigos), el subte londinense. Eran las 6 de la tarde y viajamos tan mal como en la Línea B un viernes a la misma hora. Pero nos esperaba nuestro último destino: un recorrido por Whitechapel y los crímenes del crédito local Jack el Destripador.

Fue realmente espectacular caminar esas calles (dentro del tour, ¡solos jamás!) y escuchar una vez más los terribles detalles de los cruentos asesinatos allí cometidos. Además, el guía hacía todo un trabajo de contextualización que volvía todo más real: quienes vivian en aquella zona, las espantosas condiciones de vida, el desprecio por las víctimas y la xenofobia de la policía que debía investigar. Si bien algunos edificios fueron demolidos, otros todavía conservan el aspecto de esa época.

Con el comprensible estado de destrucción en el que nos encontrábamos, volvimos más que satisfechos al Hostel, a cenar y dormir. El día siguiente debíamos despedirnos de Londres y emprendar el viaje a Cardiff, sede de la Doctor Who Convention!

Daniel

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Día 11: Londres y sus comiquerías

El segundo día en Londres condensó todo el interés friki que nos habíamos estado reservando desde la llegada. Por fin recuperamos las horas de sueño pendientes tras el viaje (que no fue largo, pero sí muy cansador) y nos lanzamos a la salles londinenses sin rumbo fijo. Sin lugar a dudas, la mejor de las sensaciones.

A modo de inciso cabe hacer una pequeña apreciación sobre nuestro hostel. Estuvimos hospedades en el Astor Victoria, una cadena de albergues, en este caso muy cercano al Victora Coach Station (estación de autobuses) que servía como una salida más que rápida al centro de la ciudad. El hostel Astor fue realmente muy positivo como lugar para descansar las piernas. Como todo hostel, tuvimos que compartir la habitación, en este caso con otras cuatro personas. Las instalaciones fueron muy limpias y cómodas, sobre todo el personal del hostel en plan “lugar para jóvenes” también nos dejó muy cómodo.

Los empleados se mostraban continuamente colaborativos, prestaban ayuda y respondían absolutamente todas las dudas con mucha simpatía. Terminó siendo una experiencia absolutamente recomendable quedarse en el hostel Astor y realmente se lo recomendamos a todos los que vayan a la ciudad y busquen un lugar tranquilo y céntrico para conocer la ciudad a su ritmo.

Las habitaciones eran, además, muy accesibles, menos de $100 argentinos la noche (sí! leyeron bien!) y había un suculento desayuno de autoservicio incluido. El ambiente también era bastante amigable. Lo sorprendente era la cantidad de chicos que hablaan español, generando situaciones extrañas como volverse loco para entender el inglés ajeno, hasta descubrir que si se hablaba en castellano todo era más sencillo…

Nos lanzamos a la ciudad con los estómagos llenos y el objetivo de mechas más visitas turísticas clásicas con comiquerías. Así llegamos en primer lugar a Sci Fi Collector, que por fuera se anunciaba como un negocio de estampillas pero era un sitio clásico de referencia de merchandising en las revistas Doctor Who Magazine.

Ese fue nuestro primer encuentro con la patria WHO, y no por la banda. Estanterías repletas de todo tipo de libros, juguetes y objetos que iban desde los más caros y maravillosos, hasta los más absurdos… y maravillosos. No nos daban las manos (y temíamos que tampoco la billetera) para llevar y mirar todo lo que teníamos delante. En realidad es una situación bastante difícil de explicar para alguien que no sea “fan” de alguna cosa, sobre todo referida a la ficción. Quizás el único modo de citar un ejemplo sea comparándolo con el equipo de futbol favorito. Llegar a la meca en que ese equipo puntualmente es grandísimo y hay cosas que ni te podías imaginar. Algo así, pero con naves espaciales.

De todos modos, aún nos faltaba el plato fuerte, el paraíso de la nerdez desatada: Forbidden Planet. Una de las comiquerías más grandes que existen nos esperaba con infinidad de metros cuadrados y Doctor Who como bandera. El surtido era muy variado y los precios podría decirse que se combinaban con los de la comiquería anterior: algunas cosas estaban más accesibles en un sitio, y otras en el otro. Había que estar atentos a que comprar… y lanzarse.

Así salimos rechonchos de orgullo con nuestras bolsas, lanzados al capitalismo de la manera más patética y auto satisfactoria y fuimos a tomar un café a (saquen la libretita nuevamente): Pret a Manger. Se trata de uan cadena de cafeterías que resultan absolutamente recomendables para quienes tengan la tradición de la merienda, no muy compartida en Europa y a las seis de la tarde necesiten un tentempié intermedio entre el té y la cerveza. Recomendamos ampliamente comprar el Hot Chocolate y acompañarlo con un enorme croissant!

No vamos a decir que este fue un día únicamente dedicado a Doctor Who prque entiríamos. Lo cierto es que caminar por Londres es una experiencia sensorial permanente, donde todo lo que uno vio pantalla de por medio toma forma de un modo tan onírico que a veces cuesta recordar que de veras tus pies están pisando esas baldosas. Personalmente, aluciné con ver en vivo y en directo esas casas de ladrillos a la vista que tienen una entrada de servicio, o de emergencia, que se encuentra bajando una empinada escalera. Cuadras y cuadras de casas con ese diseño de puertas subterráneas que tanto me gustaba ver en las películas pero nunca las enfocaban el tiempo suficiente.

Londres tiene un sinfín de elementos a destacar y los días parecen no alcanzar, así como los ojos, para procesar todo lo que se tiene delante. Volveremos para la revancha.

 

Malena.

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Día 10: Londres

A partir de este día, nuestro viaje cambió radicalmente. Se terminó la comodidad de las casas de familia que nos albergaban, así como tener un auto a nuestra disposición. Y , al empezar en Londres, ni siquiera el idioma nos acompañaba. Pero la famosa ciudad inglesa nos generaba una ansiedad imposible de transmitir.

Luego de pasar horas esperando en el aeropuerto de Madrid, en un pasillo sin empleados pero rodeados por otros pasajeros durmiendo en el piso, tomamos nuestro avión. Pasamos con facilidad, pero con muchos nervios por nuestra parte, el pequeño interrogatorio de la gente de Migraciones, y entramos al fín en suelo británico.

Lo primero que nos impactó fue esa ciudad tan antigua, con grandes edificios de cientos de años cada pocos metros. El Big Ben, el palacio de Buckingham, están ahí como parte del paisaje, y no como un frío centro turístico.

Pasamos nuestra primera tarde de una manera muy económica: fuimos al archifamoso (y enorme) Hyde Park a comer unos sandwiches que habíamos llevado de contrabando en el avión.  Por todas partes había picnics improvisados, algunos de oficinistas en su horario de almuerzo, y otros de turistas como nosotros.

Luego, seguimos caminando por la célebre Picadilly Street, buscando Picadilly Circus.  Ahí nos encontramos en pleno centro comercial, y nos dedicamos horas sólo a revolver las bateas de un local de la cadena HMV, con más libros , discos y dvds de los que podríamos pagar y/o transportar en una sola vida. Pero era emocionante ver que series como Sherlock o nuestra amada Doctor Who, o nombres como Ricky Gervais (los tres ignotos en nuestro país) aquí aparecían por todas partes. Pero sólo mirábamos, no era la hora de comprar todavía…

Enfermos de ansiedad consumista pero contenidos por ahora, seguimos caminando. En el West End, los grandes teatros nos invitaban a presenciar sus superproducciones. Si bien no vimos ninguna por distintas razones, tuvimos la sorpresa de cruzarnos con Eve Myles, la actriz que protagoniza Tochwood (un spin-off de Doctor Who) a la salida de una función de su obra. Luego de unos segundos donde nos supimos como reaccionar, Male salió corriendo a sacarse con ella la siguiente foto…

Después de recorrer una callejuela dedicada a librerías de usados muy raros y caros, donde tuvimos un encuentro fugaz con un Dalek, emprendimos el regreso a nuestro hostel, a más de media hora a pié.

Nuestro cansancio era terrible, ya que todo lo hicimos caminando. Sin embargo, luego de cenar, nos quedó un poco de energía para una caminata tranquila al costado del río Thames. Ver a la Torre de Londres o al Big Ben iluminados le daba una atmósfera muy especial al lugar.

Le dimos un final al primer día en la ciudad. Al día siguiente, por fín, nuestros instintos nerds se liberarían en una ola de compras!

Daniel

 

 

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Día 9: Toledo

El ultimo día en Madrid en realidad no fue tal. Directamente nos fuimos a Toledo, una ciudad cercana recomendada por todos nuestros conocidos de esa región de España¿. Se encuentra a media hora de tren (de alta velocidad) de la capital y al igual que C{aceres y Trujillo mantiene su aspecto de antaño, permitiéndole a los visitantes recorrer las angostas e intrincadas calles en un circuito que en este caso remonta directamente a la edad media. Conocida por sus espadas, yelmos y armaduras, el símbolo de Toledo son los caballeros enfundados en armaduras que campean en las puertas de todos los negocios.

Y evidentemente en otras épocas se tenía un admirable sentido de la orientación, ya que si bien nosotros veníamos con el problema de estar acostumbrados a manejarnos en una ciudad cuadriculada y Madrid era de por sí un desafío, Toledo fue prácticamente un laberinto. Basta ver el mapa de calles cortas y zigzagueantes que aleatoriamente cambian de nombre o continúan donde uno menos se lo espera. Recomendamos tener un mapa en mano, como siempre, pero no confiarse simplemente con eso y preguntar una y otra vez dónde están las direcciones que se quieren ver. Sólo un lugareño podrá saber con exactitud cómo llegar de un punto a otro, aunque quizás sus indicaciones no sean siempre claras.

Al igual que como hicimos en Sevilla, el punto de referencia turística que primero visitamos fue la capilla. En líneas generales es tan impresionante como la anterior, aunque creemos que un poco más chica. tras haber visitado La Giralda sevillana, preferimos no pagar el ticket extra a la entrada para visitar la torre de la catedral de Toledo, eso quedará a criterio de cada uno.

Como la tarde avanzaba y los lugares en Toledo eran demasiados, preferimos continuar las visitas en dos exposiciones permanente que se llevan a cabo en la ciudad. Por 6 euros visitamos la exposición de templarios y la de instrumentos de tortura. La primera, bien montada aunque quizás con un exceso de paneles explicativos (suponemos que para ¨rellenar¨ un poco más) es muy interesante para todos aquellos que estén interesados en esta parte de la historia pero prefieran un tipo de visita menos formal o acartonada que las que suele haber en los museos tradicionales. Con réplicas de armas de guerra realizadas por un grupo de recreacionistas medievales local y también objetos rescatados de aquella época, se puede caminar entre caballeros a tamaño real ataviados con el estilo de las diferentes cruzadas en todo el continente.

La muestra sobre instrumentos de tortura también resulta bastante recomendable. Temerosos al principio de habernos metido en una clásica trampa para turistas, al final nos fuimos muy satisfechos. La exposici{on es comparativamente más pequeña a la de los templarios, pero igualmente didáctica y atrayente. Además de los instrumentos de totura de la Inquisición en sí mismos, la ambientación acompañaba mucho al visitante durante la recorrida y los textos que acompañaban a las salas también servían para dar una visión amplia de todo este brutal período de la historia.

El último tramo del paseo fue mas bien gastronómico y consumista. Aparte de algunos souvenirs y recuerdos, nuestro estómago volvía a indicarnos que en argentina era la hora de la merienda, asi que probamos las delicias que esa ciudad ten{ia para ofrecernos. Compramos golosinas de mazapan y scones de almendra, super recomendables!

Para volver, tomamos el último tren AVE a Madrid. Párrafo aparte merece este servicio de trasnporte, sumamente útil para ahorrarse tiempo y, en algunos recorridos, no perder demasiado dinero. El viaje a Toledo ida y vuelta cuesta menos de 20 euros y el tiempo se acorta a media hora en cada tramo. Es puntual y, aunque la velocidad desde adentro del tren no se nota tanto como creíamos, es una muy buena opción a la hora de planear cómo moverse de un punto a otro.

Un día en Toledo solamente, y con esto no descubrimos nada, es poco. Si tienen la oportunidad de quedarse más tiempo, seguro van a disfrutarlo muchísimo. En lo personal, nos tocó en un momento del viaje de bastante transición, ya que esa misma noche teníamos el avión que no llevaría a Londres y eso atrasó un poco la salida de Madrid a Toledo esa mañana (tema aparte fue encontrar un sitio que nos cambiara euros por libras esterlinas: sólo las casas privadas de cambio tienen el servicio, mientras que los bancos comunes y el Banco de España ya no realizan el servicio. Supuestamente otros bancos de barrio sí, pero no en el mismo día).

Esa noche, y no será la primera ni la última, no dormimos. Con uan combinación de tres subtes en los cuales logramos agarrar siempre la última formación, nos fuimos al aeropuerto de Barajas. Llegamos a pasada la una de la mañana y nos quedaban todavía uans tres horas más hasta tomar el avión. Pero eso, como dicen en los cuentos, es otra historia.

 

Malena.

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Día 8: Elvas (Portugal)

Nuestra primera semana fue demoledora. Para seguir con el mismo ritmo, debíamos despedirnos de Extremadura y sus ciudades tan bellas como tranquilas. Así es que nos levantamos temprano, compramos los últimos souvenirs de inspiración romana en Mérida, y partimos en un corto viaje a Elvas, una ciudad portuguesa a media hora de la frontera con España.

http://www.youtube.com/watch?v=BF5JshYfGmQ

 

Gente que conoce el país nos dice que es como España pero hace 40 años, y esa es la impresión que nos causó Elvas. Muchos comercios anticuados, extraña fusión de bazares y santerías, edificios viejos, calles pequeñas, muy poca gente en las calles. A los pocos minutos de dejar el auto estacionado y comenzar a caminar, encontramos unas de esas joyitas nerds que iluminan nuestro viaje: una pequeña feria de coleccionistas. Así es como entre adornos, libros usados y discos simples de los ’60, encontramos dos carpetas repletas de calendarios. La curiosidad es que son muy parecidos a los que aquí todavía regalan algunos comercios, pero son coleccionables, como fuguritas pero sin álbum. Compramos algunos para regalar y nos internamos en la ciudad. Subimos a un castillo -otro más, a esta altura- y pudimos apreciar las bellas vistas de la ciudad amurallada.

Luego de ese paseo, volvimos a Extremadura. A la tarde, debíamos viajar a Madrid, en medio de un embotellamiento espantoso, ya que ese lunes era feriado en varias regiones del país. Luego de esa experiencia traumática (casi 5 horas en la ruta) llegamos sólo para descansar. El día siguiente nos tocaba la meca de los fans de la época medieval: la magnífica pero laberíntica Toledo!

 

Daniel

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Día 7: Mérida y Sevilla

Llegando al final de nuestra estadía en Mérida, nos quedaba aún el lugar más importante, a nivel histórico, por visitar: el teatro romano. Si lo visto en el museo el día anterior había alcanzado para asombrarnos, los que hay en el teatro es realmente indescriptible. El único detalle en contra es el excesivo precio de entrada, que asciende a 12 euros para los que no residen en la ciudad e incluye todo el circuito de visitas relacionadas con las ruinas romanas, pero sin la posibilidad de seleccionar sólo uno de los puntos de visita.

Eso sí, el valor de la entrada es sobre todo un punto en contra si se dispone de poco tiempo para realizar el recorrido, ya que si el turista puede estar una semana, por ejemplo, el boleto queda “abierto” y puede volver cada día a visitar un lugar diferente sin necesidad de volver a abonarlo.

Como no era nuestro caso y ya estaba decidido ir a Sevilla esa tarde, tratamos de sacarle el jugo al teatro y al coliseo, visitándolos durante la mañana. Como decía, es el sitio de Mérida que HAY que ver, sin ninguna duda. Y si no me creen, basta mirar, aunque sea, a través del monitor:

Cerca del mediodía llegamos a Sevilla. Llegar… bueno, no fue ningún problema, lo que sí nos costó horrores fue encontrar estacionamiento y orientarnos en la ciudad! Es grande, y no sólo eso, tiene muchísima gente y muchísimo tráfico. La señalización y el trazado de las calles no nos ayudaron demasiado y tras mucho tiempo de dar vueltas y vueltas finalmente encontramos un sitio para dejar el auto y ubicamos el centro en sí mismo. El clima también fue un punto muy a favor, que nos acompañó toda la tarde con temperaturas agradables y un sol que nos permitió almorzar al aire libre, aunque consumimos algo tan poco típico como sandwiches y hamburguesas.

Lo verdaderamente autóctono, o al menos típicamente turístico, vino después, con la visita a la Catedral local. Luego de dejar nuestro ¨diezmo¨ de 8 libras e iniciar así nuestro admirable aporte al clero durante este viaje, conocimos por dentro la magnífica construcción que se alza en el centro de la ciudad y definitivamente vale la pena ver de cerca.

Resulta, en parte, un tanto inabarcable por cantidad de salones y sectores que se van desprendiendo de la sala principal, pero al cabo de un rato se logra conocerla de manera bastante acabada. Y como lo mejor queda para el final, después de recorrer toda la Catedral en su primer piso comenzamos a subir… y subir… y subir, los más de 30 pisos (por suerte, con rampas) que llevan a lo más alto de la Giralda. El ascenso cuesta, no tanto por la exigencia física que no es demasiado, sino por no saber realmente cuando termina ese espiral de rampas. La recompensa, eso sí, vale con creces la incógnita inicial. La Giralda permite una visión panorámica de Sevilla desde todos sus puntos que deja al visitante maravillado con la amplitud de la ciudad desde ese observatorio rodeado de campanas.

Sin salir demasiado de las inmediaciones de la Catedral, vale también recomendar los helados que pueden tomarse en las calles cercanas, y también continuar el viaje hacia la Torre del Oro, monumento clásico de la ciudad, para así también conocer el río. Siguiendo por la costa nos tocó la colorida experiencia de encontrarnos repetinamente  con un botellón, esos encuentros en los que cientos de jóvenes toman unas copas en plena calle. En este caso fue bastante impresionante cómo de la nada cambiaba el paisaje y se cargaba de música, murmullo permanente y una creciente cantidad de jovenes pre 35 que se pasaban lo que quedaba de la tarde en la costa.

Volvimos a Mérida de manera mucho más directa que como llegamos a Sevilla, obviamente, y aprovechamos la noche para sacar fotos con los monumentos de la ciudad que el día anterior no habíamos llegado a fotografiar. Para hacer un poco de trampa temporal, en la entrada anterior en la que hablamos de la llegada a Mérida, seguramente haya algunas fotos del día 7, que sacamos para suplir la falta de imágenes del día anterior!

 

Malena.

 

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Día 6: Cáceres, Montánchez y Mérida

Éste sería por lejos uno de nuestros días más agotadores. Desde Mérida salimos en auto hacia Cáceres, un pueblo con una historia riquísima. Fue un campamento romano, luego fue conquistado por los visigodos y refundado por los àrabes. Como se imaginarán, eso significa que hay influencia de varias culturas.

Como llegamos muy temprano (9 am) todavía no había nada abierto. La plaza mayor estaba vacía de turistas y apenas conseguimos un desayuno típico en la barra de un bar de la zona. Nuestra experiencia hasta ahora nos indica que la mejor manera de recorrer los lugares es a contramano del resto de la gente, siempre que se pueda.

Cáceres está llena de monumentos, templos, y calles que parecen sacadas de cualquier película de la era medieval que hayan visto. Sólo el hecho de caminar e intentar perderse por las callejuelas es toda una experiencia. Entre los edificios, y en las cumbres más altas, siempre están presentes las cigüeñas, con sus nidos. Fuimos al Museo de la ciudad, donde hay todo tipo de restos sobre la vida cotidiana desde la gente que la habitó, desde la prehistoria, hasta llegar a la Edad Media.

 

Tambien fuimos a la casa Museo Árabe, que recrea una clásica vivienda de cuando los musulmanes estaban en la zona. En el medio, como si fuéramos unos hobbits, desayunamos por segunda vez, en el parador de un hotel. es que ser turista full time es muy agotador…

Para entonces, el pueblo ya estaba lleno, de gente de la zona y de turistas. Pero nosotros ya estábamos partiendo a un sitio poco nombrado por las guías de turismo tradicional, el pueblo de Montánchez. Después de un almuerzo reparador en un clásico restaurante para camioneros, emprendimos la cuesta arriba para ver sus dos puntos principales de interés. Uno era el cementerio del pueblo. Estaba desierto a esa hora, y tuvimos que abrir la puerta protegida por un pasador. Nunca había visto algo parecido, tan pintoresco, ubicado al borde del abismo del cerro.

Luego, como sacado de una película de terror nos metimos en la pequeña iglesia, desierta también. Es la primera vez que veo una vírgen con alarma anti-robo. Nos sacamos unas fotos, y seguimos rumbo al hermoso castillo que nos esperaba arriba de todo.

Nos fuimos del pueblo (dentro del cual jamás vimos un alma) y volvimos a nuestra base por esos días, Mérida. A descansar, dirán ustedes. Pues no. Mérida nos ofrecía mucho todavía, como el impresionante Museo Nacional de Arte Romano. Imaginen vivir en una ciudad donde una simple excavación en una casa o un terreno puede desenterrar restos de casi dos mil años. Así es la vida diaria allí, donde continuamente se encuentran objetos cotidianos, o lápidas, o estatuas. Realmente imperdible.

Después de más de doce horas de caminar y visitar lugares, volvimos a la casa que nos alojaba. (La de Liliana, tía de Male y alma máter de este viaje junto con su hija Juliana) El día siguiente nos esperarían más ruinas romanas y Sevilla, uno de los principales centros turísticos de España.

Daniel

 

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Día 5: Trujillo y Mérida

Finalizada la primera etapa del viaje en Madrid, nos dirigimos dirección sur en auto. Mi tía Liliana y mi prima Juliana nos llevan rumbo Mérida, la capital de Extremadura a la que se mudó mi familia al irse de Argentina. Pero, entes de cubrir los más de 300 kilómetros  que separan un sitio de otro, la parada obligada era Trujillo, situado al sureste de la provincia de Cáceres.

Fue el lugar de nacimiento de dos conquistadores especialmente sangrientos para la historia americana: Pizarro y Orellana. Para ojos turísticos, su mayor atractivo es el aspecto congelado en la historia de sus calles y el castillo árabe que inicia un recorrido épico que no puede perderse nadie que vaya a España.

En la Plaza Mayor de Trujillo, construida alrededor del monumento a Pizarro, se encuentra, además, una parada gastronómica obligada: La Troya, un típico restaurante que generaciones y generaciones de oriundos de la ciudad han visitado para llenar (y sí que lo logran) sus estómagos.

El abundante y accesible menú consta de una entrada que ya en varias cas (me incluyo) podrá ser considerada la comida completa. También los mozos ofreces distintas cortesías dela casa, como ser jamones y picadas típicas de la zona, a lo que se suma un plato principal comprendido por una amplia variedad de carnes. Recomendamos especialmente el venado. Sí, sí, suena un poco exótico, pero lo vale mucho.

Atiborrados de pan y comida emprendimos el ascenso al castillo para aligerarnos un poco y de paso dar el primer paso de lo que sería bastante reiterado en esta parte del viaje: pasear por calles milenarias, en una sensación sólo comparable, aunque resulte un poco banal decirlo, con las películas medievales.

Luego de darle la vuelta a Trujillo, seguimos ruta hasta Mérida, donde el paisaje cambiaba hacia lo romano, pero no dejaba de ser impresionante. Si Trujillo nos había maravillado por lo bien conservados de sus edificios y el aspecto típicamente caballeresco del sitio, Mérida tiene un atractivo aún más extraño, lejano sobre todo. Es una ciudad donde las ruinas romanas se levantan como si nada en medio de una ciudad moderna. Cuesta imaginar, al tocar una piedra u observar los restos de un templo, lo antiguas que son las construcciones y, por consiguiente, lo absurdamente corta que es nuestra participación en todo este asunto del devenir histórico.

De Mérida es recomendable visitar todo lo que se pueda, que podría dividirse en dos partes: aquellas ruinas que se encuentran en plena ciudad, a la vista de todo, y los otros sitios conservados, como el museo, el teatro y el coliseo romanos, que tienen sus horarios y costos (elevados, eso sí, incluso a los que viven en Mérida les pareció mucho los 12 euros de entrada para conocer todo el complejo, aunque no deja de ser imperdible desde todo punto de vista).

La última parte del quinto día, lo que quedaba de luz, la dedicamos a pasear por la ciudad, conocer la calle principal y su gran actividad social en el centro, así como visitar los principales edificios romanos en medio de los actuales. Más tarde tocó descansar. Sabíamos que el día siguiente traería muchos destinos nuevos y, en ese caso, Cáceres nos esperaba al alba.}

Malena

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Día 4: Museo reina Sofía

En nuestra cuarta jornada en Madrid (y  última por unos días) cambiamos abruptamente la estrategia: en vez de salir temprano y hacer mil cosas por día, mejor enfocarnos en menos objetivos y descansar un poco. Así es que salimos cerca del mediodía y después de almorzar en la cadena de fast food local Pans & company, salimos rumbo al Museo Nacional Centro de arte Reina Sofía. Su especialidad es el arte del siglo XX en  España y Europa. Menos agotador (en tres horas se lo puede recorrer en su totalidad) y mejor enfocado que el célebre Museo del Prado, fue un placer enorme. En vez de textos explicativos en las paredes, se encuentran tarjetas en soportes de las paredes. Dichos textos contenían tanto información sobre el contexto histórico de los distintos movimientos pictóricos como buenos análisis sobre el significado de los mismos. Ayuda mucho a los poco metidos en el tema  (como es mi caso) a apreciar mejor la obra de nombres como Dalí, Miró o Picasso.  Particularmente el Guernica es un cuadro impactante, por lo fuerte de su imagen y lo enorme de su tamaño. Es una de las grandes atracciones del museo, con turistas de todo el mundo rodeándolo en todo momento.  Lo mismo se puede decir de Dalí, que era un gran pintor y flor de personaje mediático, todo en uno.

Otra ventaja del Reina Sofía es que sale la mitad que El Prado: 6 euros, todo un alivio para nuestros bolsillos latinoamericanos. La parte que más puedo criticar es la de la tienda de regalos. Parte del merchandising es absurdo y casi insultante, además de carísimo. 4 euros por una goma de borrar con una pintura de Dalí!

Pero realmente la recorrida es fascinante. Incluso para los que creen que las artes plásticas no les interesan. Después de eso fuimos a una maravillosa comiquería del centro de Madrid- Madrid Comics- para que yo pudiera comprar El Iguana, novela gráfica de los ilustres artistas argentinos Carlos Trillo y Cacho Mandrafina, nunca publicado en nuestro país.

 

Sabiendo que era nuestras horas finales en la ciudad, hicimos todos los viajes intermedios a pié. Terminamos cansadísimos, listos para seguir nuestro recorrido. El viernes comenzaría el recorrido por Extremadura, región llena de ciudades antiguas y misteriosas.

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Día 3: John Williams Holiday Special

Si el anterior podría considerarse un día de museos y cultura, éste fue sin dudas el de Star Wars. Comenzando por lo primero, arrancamos con un objetivo económico: amortizar los 13 euros que nos costó el pasaje turístico de transporte. Cabe destacar que este costo, en principio elevado para bolsillos argentos, fue un buen negocio. Considerando que un viaje sencillo cuesta 1,50, el de 13 nos permitía acceso ilimitado a todos los medios durante tres días, En el tercero, viajamos tantas veces que ya empezamos a robarle a la corona.

El primer trayecto luego de comer fue hasta la estación Islas Filipinas, para un encargo por demás extraño: llevarle un libro a un cura que está internado en una residencia llamada Calasanz. Esperábamos un trámite express y de pronto nos encontramos en un impensable debate sobre la política y la cultura argentina, ya que el hombre había pasado buena parte de su vida allá. Sin demasiado tiempo para conversar aunque con una invitación de su parte para pasar algún día en la residencia (con almuerzo y visita guiada incluidas), volvimos a subirnos al metro dejando atrás ese pintoresco barrio de árabes y negros que nos permitió un soplo de aire menos turístico que el del centro madrileño.

La siguiente parada era la Puerta del Sol, pero para un objetivo más personal. Yandilf, un compañero del foro que administro, Universo Star Wars, había fijado como punto de encuentro la estatua de Carlos III. Claro, no contábamos con que la barrabrava en pleno del equipo ruso CSKA habría tenido la misma idea, pero entre cánticos que nada tendrían que envidiarle a La 12 de Boca Juniors, se dio el encuentro y la inmediata fuga del lugar, cada vez más repleto de gente.

Decidimos ir hacia el Paseo del Retiro, un gigantesco y precioso parque que, al bordearlo hasta acercarse lo suficiente al Museo del Prado, desemboca en una feria de libros donde pueden conseguirse algunas cosas interesantes por monedas (sí, compatriotas, monedas). Dani se hizo el día con un libro de Terry Pratchett a 2 euros y en mi caso, completé la colección de novelas de X Files por un sólo eurillo. Más barato que el agua!

Pero como bien demuestra Big Fish, cuando uno detiene el tiempo con un hallazgo (en este caso, no el amor de la vida) luego todo se reanuda con mayor rapidez y de buenas a primeras nos dimos cuenta que estábamos en la otra punta de Madrid para un evento por demás deseado: el concierto de la Film Symphony Orchestra interpretando los clásicos del maestro John Williams, compositor de maravillas como las bandas sonoras de Star Wars, Superman, Jurassic Park, Indiana Jones, ET y la lista sigue con la obra maestra de Spielberg que se les ocurra.

Llegamos con la lengua afuera (el frikismo y el apuro, mala combinación) y el pánico de que, siendo diez minutos tarde, no nos permitieran el ingreso. La parte mala fue que nos perdimos el inicio del concierto con la canción de la princesa Leia, escuchamos desde afuera la música de Harry Potter pero pudimos entrar para, por fin, deleitarnos con todo lo que sigue. Poco puede decirse más que si Williams les pone la piel de gallina en el cine, en vivo es… para qué inventar expresiones… es esto y punto:

El crédito por los videos es para Victor García del foro de la Comunidad Fan española de Indy.

Malena.

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