Día 2: El Prado

Bueno, luego de haber dormido un poco después de 17 horas despiertos en Madrid (y casi no lo habíamos hecho en el avión) dedicamos nuestro segundo día a los museos. Como todavía algunas cosas de esta ciudad nos confunden, buscando el museo de Arqueología, llegamos al de Antropología.  El transporte público es excelente: estando muy lejos del centro de Madrid, el tren de Cercanías nos dejó en diez minutos en la famosa estación de Atocha.

El museo de Antropología, entonces. Tres salas dedicadas a culturas exóticas para el ojo europeo. Asia, África, y América. Sobre todo  hay objetos pertenecientes al siglo XIX, como una exposición sobre Filipinas completa, que se hizo hace más de cien años y nunca volvió a su país de origen. En la parte de América encontramos ciertos datos poco creíbles, como que la gente toma mate en algo llamado “matera”.  En fín…

Lamentablemente, no se pueden sacar fotos en el museo así que no les podemos mostrar mucho, salvo el link a la página oficial, donde se puede ver más información.  Una de las cosas más curiosas es el esqueleto del famoso “Gigante extremeño”, un enfermo de acromegalia del siglo XIX que era artista de circo y vendió su cuerpo a la ciencia. Su esqueleto mide 2,25 mts!

Después de comer en un insípido Mc Donald’s (advertencia para argentinos: cobran el sobrecito de mayonesa!) nos dirigimos al archifamoso Museo del Prado. Este intimidante edificio contiene una de las mayores colecciones de cuadros del mundo. Acá tampoco se pueden sacar fotos. Es bueno aclarar para los que todavía no fueron, que la entrada sale 12 euros, y que es imposible recorrerla toda de una vez.  A menos que uno se quede muchas horas adentro, pero después de un rato empieza a doler la cabeza.  Eso nos pasó a nosotros. Vimos tantas versiones de la Vírgen con el niño que perdimos la cuenta.

Por supuesto que ver el Museo, aunque sea en parte, es una experiencia fascinante. No puedo terminar de describir lo que se siente al estar  frente a cuadros de hace más 500 años. Incluso para mí, que  no estoy demasiado metido en el tema de pintura.

En el próximo post, les contaremos del tercer día, con nuestras travesías en subte y el maravilloso concierto dedicado a John Williams.

Daniel

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Día 1: Madrid a pie

Nuestro punto de partida fue, claro está, Buenos Aires. Ezeiza nos recibió con un día bastante tranquilo en cuanto a concurrencia y con buena puntualidad por parte del avión de Iberia que nos llevaría, en 11 horas y 50 minutos, hasta la capital de España y primer  punto de nuestro viaje.

De esas casi doce horas de vuelo no hay tanto que decir. La ansiedad por llegar hizo que pasara más rápido de lo que parece, e incluso los puntos en contra de la empresa de vuelos no fueron suficientes para sacarnos las ganas. Vale decir, para los que no estén al tanto, que actualmente Iberia se encuentra en un profundo conflicto laboral, como muchas otras empresas de España. Desde que la firma aérea anunció la creación de un servicio de bajo costo, los trabajadores reaccionaron con una serie de huelgas que desde hace un par de veces se vienen sucediendo varias veces por semana.

Afortunadamente para nosotros, eso no afectó en absoluto la jornada en que partía nuestro vuelo. Y tuvimos suerte por partida doble: algunas horas después de salir de Buenos Aires, en nuestra ciudad natal se desató un temporal que, de habernos tocado el día de partida, seguramente habría retrasado mucho nuestra partida. Con toda esa suerte a nuestro favor y las ganas de estar de una vez en suelo español (habiendo pasado el control de migraciones) poco importó la cara de pocos amigos del personal del avión, su tono tajante ante cada pedido y esa sensación de que cada vez que alguien ordenaba una Coca se estaba afectando la fabulosa tranquilidad de las y los azafatas. Pero bueno, lo que importaba no era fingir que viajábamos en primera, sino dormir lo suficiente como para poder hacer de todo al día siguiente.

Así, llegamos al aeropuerto de Barajas a pasadas las seis de la mañana y dejando atrás la posibilidad de algún pequeño retraso, es más, el avión estuvo aterrizando un poco antes de lo previsto. Nos encontramos, entonces, ante esa sensación extraña de estar en otro lugar, muy lejos de casa, sin darnos cuenta del todo, sensación que nos acompañaría por muchas horas más

Sin conocer en absoluto el aeropuesto (mis recuerdos de más de una década atrás no se centraron justamente en aspectos burocráticos de mi visita anterior, caminamos con el rebaño hasta el sector de Migraciones. Sin duda, el gran miedo de los extranjeros, sea cual sea el motivo de la llegada al país. En nuestro  caso, unas inocentes vacaciones podían convertirse, si no teníamos todo el papelerío requerido, en un rechazo y regreso prematuro a la city porteña.

Teníamos muchas cosas en nuestra contra, desde los ausentes ojos del típico empleado de ventanilla migratoria. Nuestra edad, país de nacimiento, la inexistencia de rasgos europeos podían ser suficiente para merecer muchísimas más preguntas y reparos que una pareja cincuentona alemana. Obvio. Ya nos habíamos informado y aterrado lo suficiente con amarillistas alertas en internet, historias, aunque nunca de primera mano, de turistas a los que habían rechazado y mandado de vuelta. Estábamos, como se dice, con el corazón en la boca. Pero literal. Esa sensación previa a que te devuelvan un parcial… bueno, así.

En la mochila de mano teníamos sendas carpetas con papeles de todo tipo. Desde las impresiones de todas las reservas en hostels, los últimos resúmenes de nuestras respectivas tarjetas de crédito hasta la famosa Carta de Invitación, una serte de monstruo burocrático hecho a medias entre Buenos Aires y España. La Carta de Invitación es un simple papel que cuesta su dinero y muchos dolores de cabeza. En ella consta que alguien de España nos invita, nos da alojamientos y se encarga de nosotros en todos los aspectos, incluso el criminal. Para la Carta hay que tener, por parte nuestra, una acreditación de domicilio firmada por el policía de más alto rango que se puedan imaginar, sellos y firmas del colegio de escribanos en cada páginas de nuestros pasaportes, incluso aquellas que están en blanco y, por último, un sello de la Haya. Todo eso hecho en un orden puntual que se conoce a partir de prueba y error (“No puedo sellarte esto, antes tenés que ir al departamento general de policía, pero antes a la comisaría de tu barrio… y esperar a  que un policía vaya a tu barrio y no se equivoque con el oficial que le firmó el papel… y… y…”). Desde España el trámite tiene sus otros caprichos. Quien firmó nuestra invitación fue mi prima Juliana, quien actualmente nos hospeda en Madrid. Ella tuvo que demostrar que nos conocía (incluso conmigo, teniendo el mismo apellido) y sólo podía ser a través de fotografías donde apareciéramos con ella. Afortunadamente, es una fanática de sacar fotos y tenía imágenes de ambos en sus diferentes viajes. No obstante, es un requerimiento algo absurdo, considerando que presupone que quien invita a su familiar o amigo lo ha visto (cuando muchas veces la relación se mantiene vía internet) y ha tenido el reparo de sacar fotos y conservarlas. Si yo tuviera que demostrar mis vínculos por fotos, sin dudas estaría en el horno…. ya conocerá la mayoría mi ¨gusto¨ por sacar y tomármelas.

Bueno, volviendo a la ventanilla de Migraciones, teníamos a mano todo el papelerío. A la carta de invitación y como requerimientos ¨por las dudas¨ teníamos también un seguro médico y prueba de absolutamente todos los movimientos que tendría nuestro viaje, así como control absoluto del dinero, que (otra vez) ¨por las dudas¨ superaba el mínimo requerido. Nos llamaron, dimos el paso al frente y en esa mañana aún sin sol nos enfrentamos al empleado cual duelo de western.

Miró los pasaportes apenas, Argentina se leía lo suficientemente rápido. Cuántos días se quedan, cuánto dinero llevan, dónde van a hospedarse, con quién, cuánto dinero llevan, cuántos días se quedan, muéstrenme el billete de vuelta, ¿cuántos días dijeron?, bueno pasen. Soltamos todos el aire de los pulmones y nos alejamos lo más rápido posible.

Seguimos camino, ya más distendido, otra vez esa sensación universitaria, pero en este caso post parcial. Sacarse un peso enorme de encima nos permitía, por fin, empezar a sorprendernos por todo, como buenos turistas. Teníamos que tomar una especie de subte sin maquinista para llegar al sector donde se recoge el equipaje. Siglo XXI, nena.

Con nuestras mochilas salimos al encuentro de mi prima y por autovía, en cosa de unos minutos, estábamos llegando a Aluche, donde ella vive con su compañera de piso. Eran las siete y pico de la mañana, ya había un sol tibio y el frío europeo no era tan crudo como imaginábamos. Teníamos, al fin, todo un día por delante, unas tres horas de sueño a cuestas pero suficiente inercia luego de 12 horas de estancamiento como para seguir de largo.

Y sí que lo hicimos. Entregados por completo a nuestro rol de turistas hechos y derechos nos lanzamos a la Gran Vía a caminarla de punta a punta, sacando una buena cantidad de fotos, mapa en mano y con todos los clichés de los que uno se ríe estando en casa. Madrid estaba en un lunes laboral a pleno, aunque en su centro se veían principalmente turistas como nosotros.

Vimos cada monumento famoso en las inmediaciones del centro y no tardamos demasiado en encontrarnos con algunas sorpresas. Entre ellas, un Chapulín Colorado a tamaño natural (quizás más alto que el propio Chespirito) y un libro llamado Viernes Peronistas en la vidriera de una de las tantas comiquerías.

En la Gran Vía encontramos también algunos espectáculos llamativos, como el musical sobre Joaquín Sabina y unos folletos con mapa de la ciudad incluido donde se marcaban todos aquellos lugares que representaron algo importante en la vida del músico. Y si eso era suficiente para recordarnos por demás a Argentina, las recurrentes referencias a ella por momentos nos dejaron sorprendidos, sobre todo en lo musical. En las necesarias paradas del paseo para recargar estómagos notamos que la radio pasa, muy seguido, canciones de Calamaro, Fito Páez, versiones alternativas de Los Abuelos de la Nada y Mafalda está por todas partes. Un San Telmo lejano y con otro acento, pero muchos puntos de contacto. Si aún nos faltaba ese clic para darnos cuenta del todo que estábamos en otro país, esa musicalización sólo ayudaba a desorientarnos un poco más!

En otro sentido, el paseo por La Gran Vía fue un gran impacto. Si bien muchos aspectos de la arquitectura recordaban a sitios puntuales de Buenos Aires, esto es, naturalmente, una versión magnificada de lo que se trasplantó luego a la nuestra capital. Los diseños de muchos edificios son parecidos, pero mucho, mucho más grandes y por todos lados. Bueno, esto es algo más que obvio, pero en las primeras horas de llegada la sensación es más o menos esa: hay algo familiar, pero mucho más enorme.

La distribución de las calles es sin dudas lo que primero nos chocó. Saliendo de nuestra ciudad cuadriculada y de alturas de calles determinadas con un criterio puntual, Madrid y sus continuas diagonales, numeración de casas e intrincados mapas fueron todo un desafío que hasta ahora nos confunde bastante. Y así se fue sintiendo, de a poco en esas primeras horas, la confirmación de lo evidente, pero que es muy difícil entender por completo en el primer día: ¡¡¡estamos tan lejos!!!

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Despegue

Hola a todos! Este es el blog de Daniel y Malena en el que iremos subiendo día a día fotos, comentarios, videos, música y crónicas relacionadas con nuestra estadía de 19 días en algunos países de Europa. Nuestro plan es visitar España, Portugal, Inglaterra y Gales, tratando de cubrir la mayor cantidad de ciudades y sitios de interés en esta región. Sabemos que no llegaremos a verlo todo, pero nuestra intención es, a través de este sitio, mostrarles todos los puntos de interés que hemos podido recorrer. No serán 500 ciudades, desde ya alertamos de la estafa del título, ja! Pero la sensación, sobre todo para nuestros pies, será que hemos visitado al menos un par de cientos…

El blog está principalmente dedicado a familiares y amigos, aunque obviamente también es abierto a todos los que quieran echarle un vistazo. Esperemos que les resulte interesante!

Un abrazo para todos!!!

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